La indiferencia o el desapego

0
18

Indiferencia obra - La indiferencia o el desapego

Esa tarde se preguntó a sí mismo,

con su infinita capacidad de ilusión,

si tal indiferencia implacable

podría no ser un subterfugio

para ocultar los tormentos del amor” G. G. Márquez

¿Sabían que los niños/as que no reciben afecto de sus padres o de sus figuras significativas crecen en el desconcierto y manifiestan ese malestar “innombrable” durante toda la vida?

Digo innombrable porque el niño/a no comprende, siente que todo lo que hace está mal y que él o ella es el problema. ¿Se imaginan lo que puede ser cargar con eso? Ser responsable de la infelicidad de tus padres.

La indiferencia deja huellas dolorosas a quienes han sentido eso de sus seres queridos, donde la mejor manera de evidenciarlo es la ley del hielo. No importa lo que hagas, cuentes un chiste, preguntes algo y la respuesta es cómo si no existieras. Es una experiencia de –no ser, estando- Y cuando eres niño/a, en etapa escolar, en que los pares son referentes claves en el desarrollo de la identidad, se pueden generar daños irreparables.

Candidatos/as a malos tratos o maltratadores, pues todos necesitamos afecto, aprecio.

Y cuando somos más conscientes de nosotros y nos hemos sentido dañados por alguien, a veces nuestra respuesta es la indiferencia, una manera de ponernos una coraza, para que no nos dañen, aunque ya nos hirieron, y vamos achicando nuestro mundo. Nos alejamos de aquello que creemos que nos va a dañar, cerramos nuestro corazón a lo desconocido, al amor, la amistad, al otro y así también a los aprendizajes.

Cuando se ama, es inevitable sufrir, sufrir por ti, sufrir por y con el otro. Es parte de estar vivo.

La indiferencia o el desapego tiene el rostro hacia abajo, solo levanta la vista del suelo.

No te permitas ser indiferente al desamor, a la pobreza, a la violencia, a la injusticia, a la naturaleza.

No ser indiferente también te permite pedir disculpas, cuando erraste, le muestras al otro que lo viste. Es sencillo: a veces cuando manejamos, cuando pasamos a llevar a alguien mientras caminamos, o en el supermercado. Puedes recibir sonrisas gratuitas, prueba con los niños/as pequeños, con los ancianos/as. No temas, a lo más no responden.

No te permitas ser indiferente al mundo en que te mueves día a día: al vecino/a, al guardia, al portero, al bombero, al casero/a, al que pasa a tu lado y te mira: una sonrisa, un saludo puede iluminarte e iluminar a otro.

Es maravilloso salir de tu mundo personal y entrar al mundo, donde están los otros, mejora el juicio de realidad, nos damos cuenta que no estamos solos, que lo que me pasa, les pasa a muchos.

Te invitamos a levantar la vista y mirar a aquello que decidimos dejar de ver y recibir con apertura, aceptación y humildad sus palabras, gestos y acciones.

¿Cómo se siente?

Si fallamos en nutrir nuestras almas,

estas se marchitan y sin alma,

la vida deja de tener significado.” Marion Woodman

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here